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Humilde opinión

Titane y el cine de la depravación

Skin’s skin. What’s the point of decoding it.

Closer- Dennis Cooper

Menciona el nombre de Golden y Cinemax en una reunión y verás como se dibuja una sonrisa pícara en más de uno de los presentes. Toda persona que haya vivido su adolescencia a mediados de los dos miles sabe que después de la media noche ambos canales se convertían en muestras privadas de cine soft porn y erótico.

Lo que muchos de ellos puede que ignoren es que además de joyas como las que El Deforma se encargó de enlistar en su nota 11 series nopor que veías a media noche por Golden 2 a escondidas de tus papás; estos canales también aprovechaban la media noche para transmitir cine de culto que en su momento causó escándalo por algunas de sus controversiales escenas.

Tener acceso a estos canales era en una excelente opción para adolescentes calenturientos sin internet. Pero también resultaban en una inesperada ventana para conocer el tipo de cine que no podías ver en pantalla grande por ser menor de edad, o que también resultaría incomodo rentar en los ahora extintos Blockbusters (estamos hablando de la lejana era pre-plataformas de Streaming).

Recuerdo por ejemplo la ocasión en la que por accidente descubrí Crash de David Cronenberg y pensé que me había topado con la película pornográfica más extraña del mundo. Cambiando de canal a la “hora prohibida” encontré una escena que me pareció inquietante. Una imponente mujer rubia (Deborah Unger) postraba sus senos desnudos sobre un avión en una actitud sexual. Aparece un hombre y aunque comienzan a tener contacto el placer de la mujer parece venir de su cercanía con el frío metal y no con la carne. Esa sería la escena más sutil de la película, después, como sabrán quienes la hayan visto, vienen momentos mucho más perturbadores.

Además de Crash conocí en estos canales otras películas igual de retadoras en su visión narrativa y estética. La sombría visión del sexo que plasmó David Lynch en Blue Velvet, los políticamente incorrectos juegos de seducción en ¡Átame! de Pedro Almodóvar, la pornografía histórica de Tinto Brass en Calígula por mencionar algunas.

Son películas que buscaban romper tabúes, liberar a través de la trasgresión, explorar los límites del comportamiento humano y las posibilidades del séptimo arte para representarlo. Un cóctel que puede resultar fascinante para cualquier adolescente morboso con un poco de inquietud cinéfila.

Pero con el paso del tiempo este tipo de cine se ha hecho cada vez menos popular. Romper tabúes hoy en día ya no resulta tan atractivo como deconstruir conceptos. Ese verbo que se ha convertido en el favorito de la tendencia artística actual y que ha hecho de la mayoría de los productos culturales manuales de comportamiento.

La nueva reina del cine de la Depravación

Julia Ducournau

Existe solo una directora que parece haberse impuesto a esta tendencia. Desde el estreno de su cortometraje Junior la crítica ha estado lista para coronar a Julia Ducournau como la reina del nuevo cine de la depravación. La violenta Grave posicionó su nombre a nivel internacional y con Titane logró incluso llevarse la codiciada Palma de Oro en el Festival de Cannes, siendo apenas la segunda mujer directora en conseguirlo.

Titane ha sido llamada violenta, grotesca, depravada y demás adjetivos que suelen acompañar al cine de culto. Tal vez por esta razón es que no deja extrañarme que una película tan supuestamente incómoda haya recibido prácticamente una aceptación unánime. Ciertamente no es una reacción que haya tenido por ejemplo Crash de Cronenberg que a diferencia de Titane,  ni si quiera tuvo un estreno oficial en México.

Lo que me hace preguntarme ¿Titane es realmente tan provocadora como parece?

Creo que la razón por la que Titane no tuvo que lidiar con problemas de censura o distribución es por que a través de metáforas agresivas encuentra la manera de complacer las conversaciones actuales que giran sobre todo, en torno al feminismo y la construcción del género.

Tomemos por ejemplo una de las primeras secuencias de la película en la que la protagonista Alexia (Agatha Rousselle) baila eróticamente con un grupo de mujeres sobre carros modificados. Mientras restriegan senos y nalgas en los autos suena de fondo la rabiosa Doing it to death de The Kills. Al igual que ocurre en la secuencia inicial de Crash, las mujeres y en especial Alexia parecen bailar para los autos y no para los espectadores.

Los hombres se limitan a observar como las bestias salivantes sin dignidad que describía el personaje de Nikki en la novela Porno de Irvine Welsh. Sus intentos por acercarse a las mujeres y en especial a Alexia, son retratados como peligrosos, patéticos y desagradables.

Alexia responderá a los acosos de sus seguidores asesinándolos con una horquilla que guarda en su cabello. Muy al estilo de la estrategia asesina de María en Matador de Pedro Almodóvar. Solo que a diferencia de María, que mata por placer, Alexia mata primero para defenderse y después por puro desprecio hacia la raza humana general. Ni hombres ni mujeres se salvan de su horquilla asesina.

Aunque la matanza de Alexia se torna cada vez más psicótica, en un inicio se siente como una de las representaciones más salvajes del canto feminista Mi cuerpo es arte pero no pajearte. Es una actualización del género de la venganza femenina que I Spit on Your Grave hizo famoso en la década de los setenta y en el que ahora Ducournau reclama la libertad de la mujer para explotar y explorar su sexualidad sin tener que sufrir por ello.

Pero Titane no es una película convencional y conforme avanza sus reflexiones se tornan cada vez más extravagantes.  La travesía de Alexia es una reinvención constante en la que utiliza su cuerpo como un lienzo que dolorosamente mutila para transformarse primero en mujer parte metal parte humana, posteriormente en un hijo perdido y finalmente en la madre de un niño mitad máquina, mitad humano, producto de su acto sexual con un auto.

Esta brutal transformación podría servir como una confrontación a las confusiones que se están dando alrededor de los temas de identidad. Pero Ducournau opta por darle a su fábula de horror una moraleja amable, en la que el amor salva a los personajes de la soledad y las imposiciones binarias de la sociedad.

No es que sea un discurso erróneo, pero es la retórica it gets better que le ha dado a artistas como Lady Gaga y Ryan Murphy el éxito mundial que tienen ahora. Las obras de ambos, a pesar de ser visualmente shockeantes por momentos, terminan cediendo a discursos más cursis que provocadores.

Pero el hecho de que las reflexiones de Titane no sean insurrectas no quiere decir que sea una película menos interesante o fácil de digerir. Su estructura narrativa es compleja, no se conforma con los tres actos académicos, se permite explorar fetiches visuales sin compromiso y coquetea con temas controversiales como el incesto y parafilias extremas como la atracción sexual hacia las máquinas.

Julia Ducournau es definitivamente una voz artística única en la que confluyen muchas influencias estéticas subversivas. Sin embargo su discurso obedece por el momento a una sensibilidad millenniall, que busca por encima de todas las cosas, la empatía y la tolerancia.

Cuando vi Titane en el Festival Internacional de Cine de Morelia, al salir de la función me sentía sorprendido por muchos de los atrevimientos estéticos de la película. No obstante, a pesar de haber presenciado en pantalla grande el coito entre una mujer y un auto no tuve esa sensación incómoda de ver algo prohibido, como ocurrió en mi adolescencia con aquella primera escena de Crash en una noche de insomnio y curiosidad.

Titane se estrena en MUBI a partir del 28 de Enero

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